Este interesante documental se vio envuelto en problemas legales muy serios

Icarus, de 2017, es un documental distribuido por Netflix. Entre todos los premios que ganó destaca por sobre todo el Oscar a Mejor documental. Ha sido muy aclamado por la crítica desde su estreno, pero no la tuvo fácil a la hora de su realización, ya que, entre tantos contratiempos que tuvo, se vio envuelto en problemas legales.


Ante todo, aboga principalmente por la lucha de la verdad en una sociedad que poco a poco se va asemejando a una Orwelliana, donde la autoridad rige y controla sin piedad alguna. Pero también, personalmente tuve esta impresión, evoca dudas sobre la veracidad y prestigio de las instituciones anti-dopaje e incluso de Grigory Rodchenkov, el peculiar protagonista: ¿Es un héroe o realmente hizo todo esto para salvarse, contemplando el hundimiento inevitable del deporte ruso?, ¿Hay verdad absoluta sobre lo que dice?, ¿Por qué no renunció antes al presenciar el legado sucio de sus antecesores?

Si la primera parte es vertiginosa, animosa y preocupada por alcanzar una producción óptima, mostrando expectativa sobre un experimento intrigante, la segunda (gracias también al destino y una serie de circunstancias adversas) ofrece atmósferas densas y momentos de alto suspenso e incertidumbre. Se llega a colocar a Dan Cogan, el productor, en situaciones legales que condicionan y ponen el peligro de la investigación.



No se limita a simples intervenciones o entrevistas manidas. Se presta de todo tipo de recursos narrativos: videollamadas, reportajes televisivos, simuladores en 3D. Destaca también la contundencia y creatividad con las que estas se presentan: en las videollamadas se sienten las ansias y nerviosismo de personajes que buscan privacidad y evadir las intervenciones del estado, en los reportajes televisivos se emplea una edición con yuxtaposiciones magníficas como la de los fuegos artificiales en el estadio de Sochi y las imágenes del ataque de Rusia a Ucrania, y en los simuladores en 3D se muestra a detalle y con facilidad la logística rusa para hacer trampa en las pruebas anti dopaje.

La narrativa no estructural, casi caótica, funciona bastante bien. Se encuentra casi en perfecta sintonía con el estilo dispar de las dos mitades, siendo la primera bastante volátil, con las carreras de ciclismo y la búsqueda de una mejoría física a base de inyecciones y esteroides; y la segunda, suspendida en alta tensión, digna del mejor periodismo de investigación.



Cabe aclarar que es, evidentemente, más pro Estados Unidos y muy anti Rusia. Sin embargo, no me parece mérito suficiente para descalificarla. El contenido de las declaraciones sugieren la incompetencia de un sistema que afecta a todos por igual. Además aborda un caso de una magnitud colosal, convirtiendo a este documental en uno muy necesario.

Ya como tema aparte, es un documental para derrocar ídolos, como indica la fulminante afirmación de Don Catlin, fundador de las pruebas anti drogas: “Todos se dopan”. En el caso de Bryan Fogel, el director, es la figura de Lance Armstrong la que se cae, admitiendo finalmente haber usado sustancias ilícitas.

Sumado a ello, tras los apuntes en el final, se entiende la elección de Rusia como anfitrión del mundial 2018 y la sorpresiva actuación de su selección, llegando a eliminar a España en los octavos de final.



By: Jorge.


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